IMAGEN PRINCIPAL

IMAGEN PRINCIPAL

viernes, 5 de abril de 2019

REVIERTEN LA FLECHA DEL TIEMPO EN UN ORDENADOR CUÁNTICO





Tiime travel kentville clock. (Imagen creative commons vista en flickr de Rodger Evans).


Los apartados de divulgación científica de diversos medios generalistas nos regalan hoy un titular imposible de esquivar: científicos rusos logran invertir el tiempo. No pienso culparles por la estrategia “click-bate”, yo mismo he escrito recientemente: “los científicos ya han construido una máquina del tiempo“, aunque luego tal máquina – al estilo de la imaginada por H.G Wells en su novela– no exista en realidad.

En fin, el tema es tan apasionante y tan ampliamente tratado por Hollywood y las productoras de televisión, que es inevitable que los viajes en el tiempo y sus paradojas sigan seduciéndonos pese a lo persistente e invariable que es la realidad de la flecha del tiempo, que siempre avanza hacia adelante, hacia el futuro, o hacia estados más desordenados si nos ponemos físicos.

Si el comportamiento de Maduro en Venezuela os parece propio de tiranos, eso es que no conocéis la segunda ley de la termodinámica, que nos obliga de por vida a ver a un huevo romperse pero no recomponerse, o a la lava salir del cono de un volcán y solidificarse, pero no a la inversa. Me temo que esta ley resulta inviolable, pese a que los humanos nos resistamos a su dictadura. Y de eso vengo a hablaros, de un equipo de aguerridos físicos rusos del Instituto de Física y Tecnología de Moscú comandados por Geordey Lesovik.

Estos hombres, cuyo afán es escribir una serie de artículos en los que explorar la posibilidad de romper con la tiranía de esta ley física, son los mismos que anunciaron en 2017 haber creado una máquina cuántica de movimiento perpetuo.

Veamos de que trata su último artículo, en el cual afirman haber conseguido que el tiempo fluya hacia atrás en una simulación realizada con ordenadores cuánticos. Pero antes unas pequeñas nociones sobre estas máquinas, en las que la información no se almacena en bits, partículas capaces de tomar dos estados (0 y 1) como sucede en tu Smartphone o en tu computadora. En los ordenadores cuánticos, el mínimo de información se recoge en forma de cúbits, que además de los dos estados del bit clásico, puede encontrarse en un estado de superposición cuántica que combina esos dos estados. Esto permite trabajar con lógicas no binarias, llamadas difusas, en la que un cúbit pueda ser 0 y 1 simultáneamente.

Bien, pues empleando un ordenador cuántico, el equipo de Lesokiv ha conseguido que el tiempo retroceda hacia el pasado. Sin embargo, no solo han hecho esto, sino que han calculado la posibilidad de que algo así le suceda de forma natural a un electrón que viaje por el vacío de espacio.

Si estáis familiarizados con la física cuántica, sabréis que las partículas subatómicas sometidas a esta ley, se rigen por el principio de incertidumbre de Heisemberg, que establece que es imposible conocer simultáneamente su masa y velocidad.

Bien, dando por hecho entonces que no podemos ubicar correctamente la posición y rumbo de ese electrón, aunque si podemos seleccionar una región difusa donde ese electrón solitario se encuentre en un momento dado, Lesokiv y sus colegas se preguntaron si habría forma de que, revirtiendo la ecuación de Schrödinger, el electrón pudiera regresar un poquito atrás en el tiempo, aunque sin salirse de esa región difusa ya delimitada.

Obviamente nunca hemos observado algo tan sumamente raro, pero lo cierto es que en teoría podría ocurrir, aunque eso sí, la probabilidad es prácticamente nula. Haría falta observar 10.000 millones de electrones por segundo durante un periodo equivalente al de la edad del universo (13.700 millones de años) para observar una sola vez a un electrón viajar hacia el pasado. Aun así, el lapso sería de apenas de una diez millonésima de segundo. Imperceptible, aunque teóricamente posible si se da una fluctuación en el fondo de microondas que lo permita.

Como resulta que no tenemos tiempo ni medios para observar algo así en la naturaleza, el equipo de Lesokiv decidió diseñar el experimento del que os hablo, con la ayuda del ordenador cuántico.

En un principio, los investigadores situaron los 2 cúbits del ordenador (aunque luego llegaron a probar con 3) en su estado simple fundamental, es decir en cero. Una vez entró en funcionamiento la computadora, el estado inicial se degradó y los dos cúbits comenzaron – guiados por un software que simulaba la evolución del tiempo – a recorrer todo su abanico de estados posibles.

Variando ciertas condiciones de la configuración de la computadora, se confinaron todos esos estados posibles de modo que pudieran “rebobinarse” de forma efectiva la ecuación de Schrödinger deliberadamente.

Más tarde, en un tercer paso, se revierte el software de evolución para que cambie su dirección, fluyendo hacia atrás. La operación equivale a la fluctuación del fondo de microondas del ejemplo del electrón. Finalmente, se activa de nuevo el software de evolución para que fluya hacia adelante. Se comparan los estados alcanzados con la manipulación de la ecuación de Schrödinger para que fluya hacia atrás, con los observados cuando la evolución era la natural y bingo, hay una coincidencia en el 85% de los casos con dos cúbits (con tres la cifra baja, aunque se cree que es debido a inexactitudes de la tecnología empleada para construir la computadora, aun incipiente).

PROBABLEMENTE EXISTE UN NOVENO PLANETA EN NUESTRO SISTEMA SOLAR





Datos gráficos sobre la hipotética órbita del Planeta Nueve y su tamaño comparativo. (Crédito imagen: James Tuttle Keane/ Caltech).


El joven astrofísico de origen ruso Konstantin Batygin, profesor asistente de Ciencias Planetarias en Caltech, es uno de los defensores de la hipótesis que se ha dado en llamar Planeta Nueve.

Recientemente, acaba de liderar a un equipo de científicos de esta famosa universidad privada (con sede en Pasadena, California) junto a los cuales ha publicado un trabajo que apoya aún más la posibilidad de hallar un nuevo planeta en el patio trasero de nuestro sistema solar.

A pesar de los 4 siglos transcurridos desde que Lippershey inventase el telescopio (hallazgo que por cierto también disputa un catalán llamado Joan Roget), la legión de astrónomos que ha escrutado el cielo solo ha sido capaz de sumar dos nuevos planetas a la lista que aprendemos en la escuale: Urano en 1781 y Neptuno en 1846.

Bien, pues después de la decepción de los estadounidenses con Plutón, degradado a la categoría de “planeta enano” en 2006, parece que la historia podría dar una nueva oportunidad a los norteamericanos – en realidad a cualquier astrónomo con acceso a una lente potente – para inscribir su nombre en los anales de la historia como descubridor de un verdadero planeta.

En efecto, tres años después de que Batygin y su colega de Caltech Mike Brownpublicaran sendos trabajos analizando las evidencias para la existencia de un noveno planeta en nuestro sistema solar, el joven profesor ruso-estadounidense y su equipo acaba de ofrecer nuevos detalles sobre la posible naturaleza y localización de este esquivo vecino, situado (si es que de verdad existe) más allá de Neptuno.

Durante las dos últimas décadas, los astrónomos han encontrado varios cuerpos trans-neptunianos de pequeño tamaño, muchos de los cuales poseen órbitas notablemente elípticas que los sitúan en los confines del Sistema Solar, es decir a varios cientos de Unidades Astronómicas (UA = distancia Sol-Tierra) de nuestra estrella madre.

Estos objetos trans-neptunianos (entre los que se incluye a Plutón) se asientan en una región llamada Cinturón de Kuiper, pero no se puede decir que todos ellos compartan características homogéneas. En efecto, existen varias clases – o familias – de objetos más allá de Neptuno, y los astrónomos los clasifican en función a sus patrones orbitales.

Algunos de ellos por ejemplo, muestran indicios claros de estar siendo afectados por la gravedad de sus gigantescos vecinos, en especial del propio Neptuno. El efecto que ejerce este gigante helado es fácil de ver ya que empuja y arrastra a cuerpos más pequeños de forma continua. De hecho una proporción significativa de objetos trans-neptunianos orbita en resonancia con Neptuno.

Pero la observación de las órbitas de otros cuerpos del cinturón de Kuiper ha hecho que Batygin y Brown dedujesen que podría haber algo más – de naturaleza grande y desconocida -provocando efectos gravitatorios por aquellas lejanísimas latitudes. A este grupo de objetos lo llaman “la población separada”.

Estos pequeños objetos tienen órbitas retrógradas, mientras que otras son enormemente excéntricas o siguen rumbos drásticamente inclinados respecto al plano del sol. Ninguna de estas características pueden atribuirse a Neptuno. ¿Entonces quién? Ahí aparece el concepto Planeta Nueve como posible explicación.

Además, esta población separada parece formar grupos propios. Sus órbitas elípticas por ejemplo, se alinean de forma tentadora, lo que podría sugerir un “efecto manada” consistente con la presencia de un noveno planeta en la zona.

¿Te apuntas al reto de buscar al Planeta Nueve? Pues toma nota de las pistas que ha dado Batygin. El esquivo noveno planeta debe tener una masa entre 5 y 10 veces la de la Tierra. Su órbita debe encontrarse entre 400 y 800 veces más lejos que la de nuestro planeta y además debe estar inclinada con respecto al plano del sistema solar entre 15 y 25 grados.



En base a estos datos, el Planeta Nueve debe tener una magnitud entre 19 y 24 lo cual debería hacerlo “observable” para la nueva generación de telescopios dotados con cámaras de amplio campo como la “Cámara de Energía Oscura” del telescopio Blanco 4m situado en Chile, o la Hiper-Suprime cam del telescopio Subaru de Hawái.

¿Conclusión? Si las nuevas evidencias aportadas por el equipo de Batygin, y las deducciones realizadas tras su estudio son correctas, descubriremos el Planeta Nueve a lo largo de la próxima década.

¿HEMOS DADO CON LA TECNOLOGÍA CLAVE PARA REVERTIR EL CALENTAMIENTO GLOBAL?





Planta térmica generando electricidad mediante la quema de carbón. (Imagen Creative Commons vista en Pxhere).


¿Tu tío chino (China es el primer productor mundial) te ha dejado en herencia una mina de cerio? Pues estás de enhorabuena, esta tierra rara cuya tonelada cuesta 6.000 dólares es ya un producto estratégico en la fabricación de productos variados (desde el vidrio, a las células fotoeléctricas, pasando por la cerámica y la fabricación de encendedores). Y más que lo va a ser, ahora que acabamos de enterarnos de que este lantánido podría salvar al mundo.

Vayamos por partes. Pensad en el calentamiento global, un mal causado por el hombre que amenaza con destruir al planeta si no logramos reducir las toneladas de gases invernadero de nuestra atmósfera. Hasta la fecha hemos hecho una lista de posibles tecnologías que podrían ayudarnos a secuestrar ese CO2 emitido por la quema de combustibles fósiles, y situarlo allá donde no haga que nuestro planeta se cueza en su propia salsa.

Hemos pensado en cultivar biomasa para después enterrarla, inyectar CO2 gaseoso en las bolsas de petróleo que previamente hemos vaciado, invertir en el desarrollo de procesos químicos que puedan convertir el CO2 en materias menos volátiles, etc. Nada hasta la fecha prometía ser la solución ideal a la crisis medioambiental, bien fuera porque funcionaban a un ritmo demasiado lento, porque eran caras y demasiado complicadas de implementar, o porque simplemente el riesgo de que volviera a liberarse el CO2 era demasiado alto.

¿Entonces la tecnología de la que os voy a hablar ahora, desarrollada por investigadores australianos, ha solucionado todos esos problemas? Digamos que es altamaente esperanzadora porque no solo es relativamente rápida sino que además no requiere de grandes cantidades de presión o de reacciones químicas demasiado complicadas. Además, convierte el CO2 a una forma sólida que puede almacenarse (o reutilizarse) sin riesgos de fuga.

¿El truco? El antes citado cerio, que en el esquema ideado por estos investigadores de la universidad RMIT de Melbourne, juega un papel estelar. En efecto, los australianos emplean las nanopartículas de cerio para efectuar una reacción electroquímica que extrae el oxígeno del CO2, empleando un voltaje “suave”. El resultado tras esa reacción es que liberamos oxígeno y nos quedamos con carbono puro en forma de hollín.

Por lo que puedo leer, las nanopartículas de cerio forman parte de una aleación de metal líquido (usada como catalizador) lo cual evita que el carbono se solidifique directamente sobre este lantánido, mejorando la eficiencia del proceso. Pero aún hay más, por lo visto empleando el metal galio como solvente, todo el proceso se puede realizar a temperatura ambiente, gracias a una de las características más notables de este blando metal: su bajo punto de fusión (29,7ºC).

Y ahí está lo realmente novedoso, que estos investigadores han dado con un catalizador de metal líquido capaz de extraer el hollín de la atmósfera a temperatura ambiente, de un modo eficiente y sobre todo con grandes facilidades para hacerlo escalable.

¿Aún hay más? Pues si, ese hollín secuestrado no tiene por qué enterrarse. Como resulta que el carbono puede contener cargas eléctricas, podría usarse como supercondensador para la fabricación de componentes de los futuros vehículos eléctricos.

¿Harto de noticias pesimistas? Al menos esta que acabas de leer te dará un poco de esperanza. Como digo siempre, no conviene lanzar las campanas al vuelo, es probable que todas estas maravillosas ventajas (narradas “recordémoslo” por el equipo australiano responsable del hallazgo) necesiten ser puestas a pruebaen instalaciones industriales con altas emisiones de CO2, pero ¿y si de verdad este proceso ayuda a pegarle una dentellada perceptible al CO2 de la atmósfera?

Yo lo firmaría ya mismo aunque tuviéramos que enterrar el hollín generado por la reacción.

El trabajo del equipo de investigadores australiano, liderado por la ingeniera Dorna Esrafilzadeh, acaba de publicarse en Nature Communications.

NUEVA CARRERA POR LA LUNA: ISRAEL ALUNIZARÁ ESTE MES





Israel se convertirá en el cuarto país en aterrizar en la Luna

Muchas cosas están cambiando, y muy rápido, en esta renovada carrera por el espacio. Empresas privadas que ya rivalizan en lanzamientos con las Agencias estatales más asentadas, nuevos e inesperados países se unen a la exploración y viejos objetivos vuelven a convertirse en punto de mira con propósitos cada vez más ambiciosos. La sonda Beresheet reúne estos tres sorprendentes elementos: lanzada por una compañía privada, diseñada por un estado con poca tradición espacial y con un antiguo objetivo que regresa ahora con más fuerza, la Luna.

Este año 2019 se cumple medio siglo del paso de gigante de Neil Armstrong en la superficie de nuestro satélite y, mientras hablamos, un rover chino explora su cara oculta, la NASA hace públicos sus planes para que un ser humano vuelva a pisar el regolito lunar en 2028 y una misión israelí alunizará en unas pocas semanas.

El pasado 22 de febrero un cohete Falcon 9 Block 5 de la compañía SpaceX despegó desde Cabo Cañaveral llevando a bordo la sonda Beresheet, una misión que, en breve, convertirá a Israel en el cuarto país en aterrizar en la Luna, siguiendo los pasos de Estados Unidos, Rusia y China.

La historia de esta sonda lunar de Israel es curiosa y comienza con el Google X-Prize, un concurso lanzado hace algunos años por la Fundación X-Prize y el gigante tecnológico, que prometía un premio de 20 millones de dólares al primer proyecto privado que consiguiera aterrizar en la Luna. Muchos equipos y empresas se apuntaron al reto lunar pero, los años pasaban, y, ante la ausencia de ganadores, la competición se suspendió. Sin embargo, de entre todos aquellos participantes, un proyecto realizado por ingenieros israelíes de la empresa SpaceIL se mantuvo, consiguió más apoyos y, finalmente, consiguió lanzarse… hoy va camino a la Luna.

Por supuesto, es un lander poco sofisticado y muy limitado, se ajustará a realizar varias tareas científicas (un magnetómetro y diversas cámaras), pero no debemos olvidar que el proyecto apenas ha costado 100 millones de dólares.

Es la primera vez que dos aterrizadores trabajarán a la vez en la Luna, puesto que en estos momentos, China tiene operativo el Rover Chang’e 4 en la cara oculta de nuestro satélite. A esto hay que sumar, otras iniciativas lunares por parte de Rusia, Estados Unidos, Japón e incluso India… lo que nos lleva a una interesante pregunta: ¿Qué está ocurriendo para que la Luna vuelva a ser un objetivo codiciado por todo el mundo?

La tecnología de la última década abre grandes posibilidades en la Luna renovando el interés perdido por nuestro satélite

A nadie se le escapa que han pasado ya 50 años de las misiones Apollo y, durante todo este tiempo, la Luna ha ido perdiendo interés para la mayoría de países y agencias espaciales. El último hombre que pisó nuestro satélite lo hizo en 1972 y desde entonces, nadie ha vuelto. Resulta lógico que muchos se pregunten por qué no hemos regresado y sobre todo, qué ha cambiado para que ahora haya tantos países interesados en volver.

Empecemos por lo más obvio: el dinero. Se han realizado innumerables cálculos sobre cuánto costó el programa Apollo de la NASA, junto con sus anteriores programas Mercury y Géminis. El total es una cifra que, ya por aquel entonces, se consideraba desorbitada. Los datos más actualizados nos indican que el importe aproximado de todo el programa estaría alrededor de los 120.000 millones de dólares actuales (con la inflación incluida). Esto significa que para conseguir uno solo de los lanzamientos del Saturno V que alunizó se invirtieron unos 22.000 millones de dólares actuales. Es materialmente imposible que el presupuesto de ninguna agencia espacial hoy pueda dedicar esa cantidad de dinero a un solo lanzamiento. Recordemos que el presupuesto de la NASA se ha visto reducido, año tras año, y que en la actualidad ronda los 19.500 millones de dólares. La agencia espacial estadounidense debería abandonar todos sus proyectos, todos sus telescopios, todas sus sondas y todos sus programas… y aún así, no tendría dinero suficiente para costear hoy en día un solo lanzamiento tripulado a ese precio.

El segundo elemento clave en el olvido que la Luna ha sufrido durante tantos años es la paulatina pérdida de interés. Doce hombres caminaron por el regolito de nuestro satélite durante el programa Apollo. Recogieron cientos de kilos de muestras, realizaron experimentos, dejaron material científico en su superficie… Llevaron al límite la tecnología de los años ’70 y poco más se podía hacer en la Luna. Volver a gastar esa ingente cantidad de dinero para hacer prácticamente lo mismo que ya hicieron los astronautas del Apollo suponía demasiado gasto para tan poco beneficio.

Infografía con los planes de NASA en la Luna, culminando con una misión tripulada en 2028

Sin embargo, el tiempo ha pasado. Las tecnologías han avanzado a un ritmo exponencial, los lanzadores y cohetes son cada vez más eficientes y la nueva sonda Beresheet demuestra que, en la actualidad, llegar a la Luna es mucho más sencillo y barato. Las misiones chinas de la Chang’e, las sondas japonesas como Selene o Kaguya, han acercado la Luna a presupuestos mucho más asequibles, abriendo así una nueva conquista en nuestros días.

El increíble crecimiento de la tecnología que hemos experimentado solo en la última década no solo ha conseguido abaratar las misiones a la Luna, sino que también ha abierto de manera alucinante las posibilidades de lo que podemos hacer ahora allí. En la época de las misiones Apollo, la tecnología no permitía grandes proyectos lunares, en nuestros días el sueño de bases lunares, estaciones en órbita y lanzamientos desde su superficie están cada vez más cerca de hacerse realidad.

NASA está preparando una nueva estación espacial (Lunar Gateway) orbitando la Luna. Los planes de volver con misiones tripuladas se han multiplicado y los nuevos proyectos de bases y asentamientos lunares han reconvertido nuestro satélite en un objeto de deseo para muchos países. En resumen, la Luna vuelve a tener interés, nuestra actual tecnología trae posibilidades que los antiguos ingenieros del programa Apollo solo podían soña y además, cada vez resulta más barato y sencillo llegar hasta ella.

Bienvenidos a la nueva carrera espacial hacia la Luna.





¿QUÉ NOS ESTÁ PASANDO CON EL ESPACIO?





Los medios de comunicación han olvidado las noticias y descubrimientos del espacio


Nuestra vida en el siglo XXI depende, de una manera inconsciente pero globalizada, de cientos de satélites, sondas y proyectos espaciales. Por encima de nuestras cabezas se alza una ingente cantidad de tecnologías sobre las que recae el peso y funcionamiento de gran parte de nuestra civilización. El conocimiento que hemos conseguido, solo en las últimas décadas, de nuestro vecindario solar y del Universo en el que flotamos es asombroso. Hemos descubierto miles de mundos nuevos y desconocidos, hemos conseguido llevar laboratorios completos a la superficie de otros planetas y, raro es el día, en que no nos llega una nueva y fascinante noticia de algún rincón lejano del cosmos.

No hace mucho, millones de familias se reunían frente al televisor para descubrir, maravillados, las hazañas de la carrera espacial. No hace mucho, cuando le preguntabas a un niño qué quieres ser de mayor, te respondía ilusionado: “astronauta”. No hace mucho, mirábamos hacia las estrellas y considerábamos el espacio como algo propio, como un desafío a nuestra capacidad y creatividad, una invitación para demostrar lo mejor de nuestras habilidades como especie.

Vivimos tiempos apasionantes. La carrera espacial se ha reactivado, tras décadas de soporíferas órbitas bajas, las misiones y sondas hacia nuevas fronteras se multiplican. Descubrimos nuevos mundos a diario, empresas privadas se han unido al reto y nos muestran tecnologías imposibles hace solo unos años. Nuevos países aceptan el desafío y muestran públicamente sus proyectos espaciales. Estamos a pocos años de volver a la Luna, de pisar Marte o de establecer nuevas y desafiantes bases fuera de nuestro planeta. La carrera espacial ha vuelto y el futuro se muestra más extenso que nunca.

Sin embargo, incomprensiblemente, pueden pasar semanas y semanas sin encontrar una sola noticia del espacio en los telediarios e informativos. Nuestros medios de comunicación son capaces de dedicar un especial de ocho horas en directo a las declaraciones de cualquier político, de ofrecer previos a un partido de fútbol que duran más que el propio partido y regalarnos análisis maratonianos de contertulios, sobre los temas más irrelevantes, que se extienden hasta altas horas de la madrugada. Horas y horas de programas, debates y noticiarios sin una mínima atención a un tema del que depende gran parte de nuestro conocimiento y de nuestra tecnología. ¿Qué nos está pasando con el espacio?

Fotografía de la Tierra tomada desde la órbita lunar en la misión Apollo 8

La evidente fascinación natural que debería despertar el espacio en el público general, se está enterrando entre toneladas de telebasura y debates a gritos en una actualidad cada vez más distorsionada. Esta manifiesta escasez, cuando no total ausencia, de noticias científicas y tecnológicas en los medios de comunicación resulta muy preocupante para todos aquellos que nos consideramos apasionados de la exploración espacial. Un dicho popular apunta a que uno solo ama lo que conoce y suele temer lo que desconoce. El propio Carl Sagan afirmaba que vivimos en una sociedad altamente tecnológica, plagada por personas que apenas saben nada de ciencia… una receta perfecta para el desastre.

Demasiada gente considera, erróneamente, que la inversión en materia espacial es un gasto que no proporciona beneficios. Paradójicamente, quienes afirman este desatino se verían desbordados si contasen todas y cada una de las aplicaciones y tecnologías espaciales que utilizan al cabo del día. Los propios medios de comunicación que ningunean las noticias espaciales serían imposibles sin las aportaciones tecnológicas de los satélites sobre los que realizan sus emisiones. Aun así, la pregunta del título sigue sin respuesta.

Gran parte del problema recae en los responsables de programación de las cadenas. Bajo la repetida creencia de que al público hay que darle lo que pide, consideran que los contenidos de ciencia y tecnología son poco demandados. Demasiadas televisiones confían en esta falacia sin recordar cómo los programas de Felix Rodríguez de la Fuente o Luis Miravitlles congregaban a millones de españoles frente a las pantallas, sin querer mirar hacia otras propuestas como la BBC que bate récords de público en documentales científicos que se exportan a cientos de países.

NASA, ESA o SpaceX ofrecen sus lanzamientos en HD de manera gratuita a todo el mundo mediante sus diferentes canales. Me pregunto si algún día podríamos asistir a un lanzamiento, emitido y comentado por expertos científicos, desde alguna de nuestras cadenas de televisión, tal y como hacen con un partido de baloncesto. Me pregunto también por qué sería conveniente un resumen con noticias del espacio, igual que existe “Tendido Cero” (un programa semanal sobre corridas de toros). Mi desbocada imaginación se pregunta por qué los telediarios no tienen una sección fija de noticias científicas, en lugar de salpicar, de vez en cuando y en los minutos finales de su emisión, con un par de curiosidades sin contexto ni profundidad.

El próximo 18 de marzo vuelve a TVE2 el programa de divulgación “Órbita Laika” un raro espécimen en vías de extinción de ciencia en televisión. Desde aquí les enviamos los mejores deseos y que, los devaneos e incertidumbres de los responsables de programación, no terminen alejándolos de un horario decente.

CHINA QUIERE SER LA PRIMERA EN DESPLEGAR UNA PLANTA SOLAR EN EL ESPACIO





Propuesta para la construcción de una planta solar en el espacio | imagen Mafic Studios


En los últimos años estamos asistiendo a una apertura sin precedentes en el ámbito espacial. A los dos tradicionales bloques, Estados Unidos y Rusia, pronto se ha sumado la iniciativa privada de empresas como SpaceX o Virgin Galactic, y un creciente número de países con poderosos intereses e inversiones en tecnología. En este aspecto destaca la omnipresencia del coloso chino que, a su potencia demográfica, ha incorporado en la última década una verdadera revolución tecnológica con ambiciosos planes en el espacio.

El programa lunar china cuenta ya con varios orbitadores y dos Rovers caminando por la superficie de nuestro satélite (Chang’e3 y Chang’e4), mientras se prepara para las siguientes fases (5 y 6) en las que recogerán muestras y se traerán de vuelta a la Tierra o incluso, en su etapa final, donde se prevé una misión tripulada. Sus planes para el desarrollo y ampliación de la estación espacial Tiangong 2 (Palacio celestial 2) siguen su curso y, en apenas un par de años, se iniciará su novedoso intento de llegar a Marte.

Todo un despliegue aeroespacial que, como hemos conocido esta semana, también posee proyectos energéticos únicos. La Academia de Tecnología Espacial de China está trabajando ya en la primera planta de energía en órbita, capaz de capturar la energía solar en el espacio y devolverla a la Tierra.

Infografía del funcionamiento de la planta solar china en órbita espacial 

El funcionamiento de esta tecnología, tal y como vemos en la infografía superior, consiste en recoger la luz solar en órbita y enviarla, mediante láser o microondas, hacia la superficie. Esta novedosa planta solar funcionaría, en su último diseño, a 36.000 kilómetros de altura, salvando así los inconvenientes naturales de la energía solar, es decir, la interferencia de la atmósfera, los días nublados y por supuesto, las noches. La planta podría recoger luz solar de manera permanente. “Se trataría de una fuente inagotable de energía limpia”, explicaba Pang Zhihao, uno de los ingenieros responsables del proyecto en la Academia China de Tecnología espacial, “y podrá suministrar energía constante, a una intensidad seis veces mayor que la de las plantas solares convencionales en la Tierra”.

Por supuesto, un proyecto así plantea numerosos retos tecnológicos. La primera etapa incluye una estación de energía solar de tamaño más reducido, que se lanzará a la estratosfera (unos 60 kilómetros de altura) construir y lanzar estaciones de energía solar de pequeño tamaño para probar los sistemas de recepción y envío, mediante tecnología wireless (no se ha especificado si se tratará de láser o microondas). El siguiente paso será una estación espacial de megavatios de potencia. Finalmente, y si los plazos transcurren sin incidentes, antes de 2050, podría estar funcionando la primera gran estación solar a nivel comercial con potencias de gigavatios.

El anuncio de estos planes por parte de China debería empujar hacia la búsqueda de propuestas energéticas más limpias y sostenibles. Estados Unidos, y hasta Japón, confirmaron hace algunos años, su interés en desarrollar estaciones solares similares, pero con el paso del tiempo aquellos planes quedaron en agua de borrajas. Quizá el comprobar que su competidor más directo se lanza hacia la búsqueda de energías renovables en el espacio, haga que más países se suban al carro de alternativas viables.

NUESTRA GALAXIA NO ES PLANA, SINO CURVADA Y RETORCIDA





Representanción clásica de nuestra galaxia. (Imagen Creative Commons vista en pxhere).


¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos el aspecto que tiene nuestra galaxia? Que yo sepa ningún humano ha logrado meterse en una nave espacial y alejarse miles de años luz de la Vía Láctea para tomar perspectiva y poder captar una foto completa de nuestro cúmulo de estrellas. Por ello, en base a las observaciones del cielo nocturno (al menos la de aquellos que pueden evitar la contaminación lumínica) donde aparece una banda de estrellas mucho más comprimidas, concluimos que nuestra galaxia es irregular, y que tiene forma de disco en espiral (véase imagen superior). Lo cual por cierto concuerda bastante con el aspecto de otras galaxias cercanas que sí podemos contemplar, desde la necesaria distancia, con ayuda de telescopios.

Pero cómo os quedaríais si os dijese que llevamos décadas representando a nuestra galaxia de forma errónea. Según un equipo de científicos australianos y chinos, La Vía Láctea (también llamada en España “Camino de Santiago”) no es la lenteja gigantesca de 100.000 años luz de diámetro y solo 1.000 de grosor que solíamos imaginar. ¿Entonces cómo es? Bien, según el mapa 3D realizado por estos científicos, anunciado como el más preciso realizado hasta la fecha, nuestra galaxia se tuerce y deforma a medida que nos alejamos del centro.

Para elaborar este mapa, el equipo chino-australiano ha medido las distancias de más de 1300 grandes estrellas pulsantes, trabajo que en su conjunto ha revelado la verdadera forma de la Vía Láctea, que es más bien curvada y retorcida como podéis observar en la representación artística que hay bajo estas líneas. Nada que ver con la “lenteja” de la que os hablaba antes.


Mapa galáctico realizado tras medir distancias a más de 1300 estrellas pulsantes. (Crédito imagen: Xiaodian).Más

Las estrellas conocidas como “Cefeidas clásicas”, brillan hasta 100.000 veces más que el sol, y su distancia hasta nuestra estrella se puede medir con aproximadamente un 95% de precisión, razón por la cual los astrónomas las toman como “balizas” auxiliares cada vez que tienen que triangular distancias hasta otras estrellas menos brillantes.

En palabras de uno de los autores del mapa 3D, el astrónomo Richard de Grijs(Universidad Macquarie de Sídney) : “las mediciones estelares mostraron el modo en que la Vía Láctea se ha ido retorciendo de forma progresiva en sus regiones externas, un efecto causado probablemente por las poderosas fuerzas rotacionales que se dan en la parte interior del disco galáctico”.

viernes, 4 de enero de 2019

¿ QUÉ MENSAJE ENVIARÍAN HOY LOS JÓVENES A LOS EXTRATERRESTRES ?




Hace 44 años, exactamente el 16 de noviembre de 1974, desde el enorme plato de 305 metros de diámetro que sirve como “oreja” al radio telescopio de Arecibo(Puerto Rico), que por aquel entonces era el mayor del mundo (hoy en día tal honor recae en el RATAN 600), la humanidad envió un icónico mensaje a los extraterrestres.


De izquierda a derecha, mensaje de Arecibo (1974) en código binario, pixelado y coloreado. (Crédito imagen Radio Telescopio Arecibo).Más

Por si acaso fueran a escucharnos, se decidió enviar el mensaje al Cúmulo Globular M13, un grupo de estrellas situado a 25.000 años luz de distancia en la dirección de la constelación de Hércules. El mensaje, enviado en código binario, contenía una imagen en estilo 8 bits que seguramente hará despertar la nostalgia entre los primeros usuarios de la microinformática (ZX Spectrum.)

Si algún día los extraterrestres logran decodificarlo, encontrarán información sensible sobre a raza humana, como por ejemplo un esquema de la estructura del ADN, un gráfico de nuestro Sistema Solar, e incluso la silueta de un humano.

Al comienzo del post os decía que el mensaje es icónico, lo cual se debe en parte al prestigio y renombre de dos de sus coautores, mi idolatrado Carl Sagan, y el autor de la famosa ecuación que lleva su nombre: Frank Drake.

Juntos diseñaron un mensaje de radio que tardó aproximadamente tres minutos en emitirse, y que tenía una extensión exacta de 1.679 dígitos binarios. El número no es baladí, ya que resulta ser un semiprimo (obtenido por el múltiplo de dos primos: 23 y 73). El mensaje mostraba la forma en que contamos los humanos (en decimal) así como el número atómico de los elementos que conforman nuestro ADN. También incluía un gráfico del propio radiotelescopio de Arecibo.

En realidad, el así llamado mensaje de Arecibo respondió más a un fin publicitario que científico, y es que obviamente no tiene mucho sentido quedar a la espera de respuesta, si esta va a tardar 50.000 años en llegar (si es que llega). El propio Donald Campbell, profesor de astronomía en la Universidad Cornell que investigaba en Arecibo por aquel entonces lo reconoce: “fue estrictamente un suceso simbólico para mostrar lo que podíamos hacer”.

Y por qué os hablo de este archiconocido mensaje 44 años más tarde, os preguntaréis. Bien, la razón es que los nuevos dirigentes de esta enorme instalación puertorriqueña quieren inspirar a los chavales del presente, al igual que Sagan, Drake y sus colegas hicieron con los niños de mi generación.

Carl Sagan y Frank Drake – crédito imagen Instituto SETI

NO, EN EL NORTE DE ÁFRICA NO SE HA DESCUBIERTO LA ATLÁNTIDA




Imagen de satélite de la Estructura de Richat | NASA/GSFC/MITI/ERSDAC/JAROS


Lo maravilloso de internet es que cualquiera puede hacer pública su opinión y llegar a millones de personas. El gran inconveniente de internet, es igualmente, que cualquiera puede hacer pública su opinión y llegar a millones de personas. Este es el gran dilema con el que llevamos lidiando desde que las páginas webs aparecieron hace ya casi tres décadas y que en los últimos años se ha visto agravado por el efecto multiplicador de las redes sociales. Noticias erróneas, mitos y falsedades que se esparcen a la velocidad de la luz mediante wassap, facebook o twitter. Uno de los ejemplos más claros lo tenemos en el canal de un famoso “youtuber”, Jimmy, que afirma tener pruebas de que los restos de la mítica Atlántida se encuentran en África y que ha conseguido hasta la fecha más de tres millones de visitas.

Sus videos conspiranoicos se cuentan por decenas. Desde la existencia de una raza de humanos gigantes hasta, cómo no, la manida idea de que las Pirámides fueron construidas por extraterrestres, pasando por civilizaciones alienígenas ayudando a los ingenieros romanos o asentamientos ocultos bajo lagos subterráneos en Marte. Pero entre toda la parafernalia ufológica y el misterio barato, finalmente la fama le ha llegado por sus afirmaciones sobre la Atlántida. Tanto es así que esta misma semana el propio Steven Novela, célebre neurólogo y divulgador de la ciencia en Estados Unidos, ha saltado a escena escribiendo un artículo en NeuroLogica enumerando las docenas de errores de ese vídeo.

Recreación de la Atlantida según los escritos de Platón | imagen culturaandalucia

Para desmontar a la mayoría de estos “investigadores del misterio” hay que conocer una de sus tácticas más utilizadas: el “Cherry-picking”. Imagina que tienes un plato lleno de cerezas en mal estado, pero coges solo dos o tres que están bien para afirmar que todo el plato es perfecto. De esta manera, seleccionando tan solo los elementos que te convienen y olvidando los que no cuadran con tus creencias (cherry-picking) podrías afirmar casi cualquier cosa de manera convincente porque, además, estarías aportando pruebas. Si de todos los gatos en el mundo, tan solo eliges y muestras los de color negro, podrías hacer un vídeo para youtube afirmando que todos los gatos son negros y mostrando tus pruebas seleccionadas.

Este es el caso del vídeo de la Atlántida y su argumento es que los restos de esa mítica ciudad se encuentran en Mauritania, concretamente con la célebre Estructura de Richat, también conocida como “el ojo de África”.

Estructura de Richat | Imagen NASA/JPL/NIMA

El mito de la ciudad perdida es uno de los más comunes en la historia. El paraíso de Adán y Eva, el diluvio universal, la Torre de Babel, Shambhala, Agartha, Avalon… casi todas las culturas tiene su propio mito de un lugar próspero que desaparece trágicamente por agraviar a los dioses o por la mala conducta de sus habitantes. La Atlántida es uno más de esos mitos que los antiguos narradores, incluidos filósofos como Platón, utilizaban como parábola o ejemplo.

Sin embargo, afirmar que la Estructura de Richat son los restos de la Atlántida se cae por su propio peso. En primer lugar porque es una formación geológica natural. Durante muchas décadas se ha estudiado el origen de esta bella composición y los estudios científicos más recientes nos indican que es un domo de pliegues anticlinales formado por la erosión a lo largo de millones de años.

El autor del video solo aprovecha la coincidencia en la forma circular de la Atlántida descrita por Platón y olvida los cientos de estudios y pruebas que no le convienen. Por ejemplo, en el tamaño de esa supuesta ciudad. Platón describía la Atlántida como una ciudad circular de unos 20 kilómetros, sin embargo las imágenes satelitales de la Estructura de Richat nos muestran que mide más del doble (unos 45 kilómetros).

Según Platón, la Atlántida fue destruida en un solo día por un gran terremoto seguido de un tsunami que dejó la ciudad hundida en el Atlántico hace unos 12.000 años. Sin embargo, no hay ni una sola prueba o resto geológico que lo confirme.

Las afirmaciones de este youtuber, a pesar de extenderse por redes sociales y llegar a millones de personas, siguen y siguen de manera ridícula. La leyenda de la Atlántida deja bien claro que la ciudad fue arrasada por el mar que la sumergió durante miles de años bajo el agua… por supuesto, tampoco existe ninguna prueba geológica de que esa región del Sáhara haya estado bajo el mar.

Por no hablar de que jamás se ha encontrado ni un solo resto humano en esa formación geológica. ¿Una ciudad-estado establecida allí durante miles de años sin dejar ni una sola huella de los habitantes? Ningún objeto, cerámica, artilugio, ni una pequeña construcción, algún muro, aunque sea un pequeño ladrillo… nada.

En definitiva, la táctica de aprovechar un par de coincidencias (como que la Atlántida era circular) y olvidar el resto de elementos que no te convienen, sigue siendo utilizada por los vendedores de misterios.

COLONIZAR MARTE IMPLICA LA CONTAMINACIÓN DE ESTE MUNDO




Los humanos somos unos seres muy perseverantes. Hace unas pocas décadas, simplemente era ciencia ficción plantearse un viaje tripulado a Marte. Por desgracia la lista de inconvenientes que debíamos solucionar era demasiado grande. Hoy, muchos de esos problemas tienen arreglo, y sabemos que es cuestión de tiempo que una iniciativa pública (gestionada por gobiernos, o agencias espaciales) o privada (promovida por empresas como Space X, Mars One, Blue Origin) decida poner en marcha el histórico viaje.

Superficie de Marte.

Obviamente hay detractores, en 2012 ya os hablé de la opinión contraria a enviar humanos que defendía Brent Sherwood, arquitecto espacial del JPL de la NASA, para quien los beneficios simplemente no justificarían los enormes costes. Bien, pues hoy debemos añadir otro nombre ilustre a la nómina de opositores al viaje al planeta rojo: David Weintraub, profesor de física y astronomía en la Universidad Vandelrbilt (Nashville, Tennessee, EE.UU.).

Tras leer sus razones en Space.com, donde publica un extenso artículo en defensa de un período de reflexión y estudio antes de viajar – y por ende “contaminar” – a Marte, confieso sentirme preso de un dilema. ¿Qué ocurrirá con una hipotética fauna marciana subterránea, oculta y a salvo de la mortal radiación espacial, si nosotros estableciésemos una base humana? Seguramente nada bueno.

Es cierto, hasta el momento hemos aprendido un montón de cosas sobre el pasado y la historia del planeta vecino sin poner un pie sobre su superficie, gracias a robots y orbitadores, todos los cuales fueron sometidas a exhaustivos procesos de esterilización, tal y como nos contó mi colega Daniel Marín en este post.

La NASA se tomó muy en serio la amenaza de contaminación terrestre de otros mundos, a través de nuestras naves espaciales, ya desde 1959, tras un profundo debate que estableció la necesidad de esterilizar todos los objetos destinados a viajar a otros mundos. Desde entonces se ha tenido en cuenta, especialmente si la zona visitada era un posible punto caliente para la vida, como lo son (aparte del propio Marte) las lunas heladas Europa y Encélado.

Lo vimos con decisiones como las que la NASA tomó al respecto de su sonda Galileo, que exploró Júpiter y sus lunas desde 1995 hasta 2003, que finalizó sus días pulverizada voluntariamente al entrar en contacto con la atmósfera joviana. Años más tarde, se repetiría el proceso con la sonda Cassini que exploró Saturno y sus lunas entre 2004 y 2017, y que también finalizó sus días zambulléndose en el planeta anillado. Ambas decisiones se tomaron para minimizar la caída de estas naves en escenarios sensibles para la vida como los citados satélites Encélado y Europa.

LAS PRIMERAS LLUVIAS EN 500 AÑOS EN ATACAMA DEVASTAN SU VIDA MICROBIANA






El desierto de Atacama

En la imagen, el desierto de Atacama, el más antiguo y árido de la Tierra. En el corazón de sus 105.000 kilómetros cuadrados de superficie, situados al norte de Chile, hay zonas en las que no se había registrado ninguna precipitación en los últimos 500 años. (Foto: Ivan Alvarado / Reuters).


Atacama, situado al norte de Chile, es el desierto más seco y antiguo de la Tierra. En su interior hay zonas en las que no se había registrado ninguna precipitación durante cinco siglos. Sin embargo, la situación ha cambiado en los últimos años, en los que ha llovido al menos en tres ocasiones en la región más árida de este desierto debido al cambio climático formando pequeñas lagunas efímeras hipersalinas.

Pese a ser una zona muy inhóspita, algunos microorganismos son capaces de sobrevivir allí adaptándose a las condiciones climáticas extremas, pero las lagunas formadas por las lluvias han alterado el equilibrio ecológico de la zona. De hecho, según un informe elaborado por un equipo liderado por científicos españoles del Centro de Astrobiología y publicado en la revista ‘Scientific Reports’, las precipitaciones registradas desde 2015 han devastado hasta el 85% de la vida microbiana del desierto de Atacama.

El estudio demuestra que el agua no ha traído vida a Atacama, como se podría esperar, sino la muerte para los microbios que se habían acostumbrado a vivir sin ella, que han sido incapaces de adaptarse a las nuevas condiciones.

LOS SUECOS CONSIGUEN EMBOTELLAR EL SOL






Suecia está a punto de exportar otra idea genial al mundo. Por si los coches Volvo, los discos de Abba o los muebles de IKEA no fuesen suficientes para amar al país nórdico, ahora nos sorprenden con energía solar embotellada. ¡Como lo oís!

Y es que un equipo sueco de científicos de la Universidad Tecnológica Chalmers en Gotemburgo, acaba de anunciar el desarrollo de un fluido capaz de capturar parte de la energía del sol y conservarla hasta 18 años. Y lo mejor es que este combustible termosolar, puede reutilizarse una y otra vez y en el proceso no emite nada de CO2. ¡Si logra perfeccionarse será sin duda otro clavo en el ataúd de los combustibles fósiles!

Si no estáis familiarizados con el concepto, un combustible termosolar es como una pila recargable, solo que en lugar de electricidad almacena energía fotoquímica, que luego puede liberarse a demanda. El que han desarrollado los suecos es una molécula líquida compuesta por carbono, hidrógeno y nitrógeno, en el que llevan más de un año trabajando.

Al parecer esta molécula adopta dos estados químicos, y para que lo entendáis podríamos pensar en una especie de Bruce Banner y Hulk. En el tejado de la universidad Chalmers, los responsables de este hallazgo han montado un prototipo para probar su funcionamiento. Una bomba hace circular el fluido a través de tubos transparentes. Cuando la luz ultravioleta excita las moléculas del fluido este pasa a un estado “energético” (es decir Hulk).

¿Cómo sucede esto? Bien, al parecer la luz reestructura los enlaces entre los átomos de C, H y N del fluído, convirtiendo un compuesto llamado norbornadieno en otro isómero llamado cuadriciclano.



Diagrama del circuito termosolar diseñado por los científicos suecos. (Crédito imagen: Chalmers University of Technology).Más

Como una presa cautiva en una trampa, el cuadriciclano (Hulk) almacena la energía robada al sol en sus enlaces químicos, más fuertes que los del norbornadieno (Bruce Banner), incluso aunque descienda la temperatura.

¿Y cómo pasamos del estado más energético al más relajado? Según puedo leer, cuando se necesita energía (por ejemplo de noche, o en invierno) se hace pasar al fluido a través de un catalizador basado en el cobalto. Esto hace que Hulk vuelva a ser Bruce Banner tras liberar energía térmica suficiente como para elevar la temperatura 63ºC.

Si el combustible termosolar está a temperatura ambiente (es decir alrededor de 21ºC) se eleva rápidamente hasta los 84ºC, más que suficiente para calentar nuestros hogares y lugares de trabajo. La idea es simplemente genial, porque como había adelantado, el ciclo puede repetirse en innumerables ocasiones. Sus creadores dicen que después de 125 ciclos no se apreciaba degradación significativa ni en el fluido ni en el catalizador.

Ah, si eres de los que ya estás ahorrando energía con las baterías eléctricas que vende Tesla (de las que os hablé hace tres años) deberíais saber que el combustible sueco puede almacenar hasta 250 vatios-hora de energía por kilogramo. Eso es prácticamente el doble de capacidad energética que las baterías diseñadas por Elon Musk. ¡Genial verdad!

SONDA LUNAR CHINA REALIZA EL PRIMER ATERRIZAJE EN LA HISTORIA EN EL LADO OSCURO DE LA LUNA




(CNN) - En lo que es un hito histórico a nivel mundial, la sonda china Chang'e 4 aterrizó con éxito en el en lado oscuro de la Luna, lo que representa un enorme logro para el programa espacial de China, dijeron medios estatales chinos el jueves.

La Administración Espacial Nacional de China hizo aterrizar el rover a las 10:26 hora local de Beijing, en la cuenca Aitken, que es un cráter de impacto, informó la Televisión Nacional de China (CCTV).

La nave hizo su último descenso desde una órbita de aterrizaje 15 kilómetros sobre la superficie de la Luna.


Una simulación del procedimiento de aterrizaje de la sonda lunar Chang'e-4 se ve en un monitor en el Centro de Control Aeroespacial en Beijing.

Medios estatales reportaron que el rover transmitió la primera imagen cercana en el mundo del lado oscuro de la Luna. No hubo otros detalles disponibles de inmediato.

El anuncio se hizo poco después de que los medios chinos China Daily y China Global Television Network (CGTN) borraran mensajes en las redes sociales proclamando que la misión había sido un éxito, lo que generó confusión sobre si la sonda había aterrizado.

No se ha explicado por qué fueron eliminados los tuits. En redes sociales, observadores especularon sobre la causa de la aparente retractación, y muchos se preguntaron si la misión había experimentado un problema temporal o si era un simple caso de que los medios estatales se adelantaran al anuncio oficial.

La primera imagen de esa zona de la Luna tomada por la sonda china.

El rover fue lanzado con éxito el 8 de diciembre desde el Centro de Lanzamiento de Satélites Xichang en la provincia de Sichuan. Ahora comenzará a abordar una larga lista de tareas pendientes, que incluye la realización de experimentos en baja gravedad para ver si las plantas pueden crecer y explorar los polos lunares para buscar agua u otros recursos.

China es la primera nación en el mundo en explorar el lado oculto de la Luna.

El vehículo no tripulado mide 1,5 metros de largo y aproximadamente un metro de ancho y alto, con dos paneles solares plegables y seis ruedas.

China anunció en 2015 sus intenciones de enviar un rover al lado oscuro de la Luna. En mayo de este año, lanzó un satélite de retransmisión para establecer un enlace de comunicación entre la Tierra y la sonda lunar planificada.

Imagen tomada por la sonda tras su aterrizaje.

Las ambiciones espaciales de China

China llegó tarde a la carrera espacial: no envió su primer satélite al espacio hasta 1970, después de que Estados Unidos pusiera al primer hombre en la Luna. Pero en las décadas posteriores Beijing ha inyectado miles de millones de dólares y otros recursos en investigación y capacitación.

Mientras que la NASA, que tiene prohibido por el Congreso de Estados Unidos trabajar con China debido a preocupaciones de seguridad nacional, se ha enfrentado a años de restricciones presupuestarias, el país asiático apunta cada vez más a ser dueña de la carrera espacial en la próxima década.

Beijing planea lanzar su primera sonda a Marte alrededor de 2020 para llevar a cabo la exploración orbital y móvil, seguida de una segunda misión que incluiría la recolección de muestras de la superficie del planeta rojo.

Según Wu Yanhua, subjefe de la agencia espacial nacional de China, el país también está estudiando la posibilidad de enviar un hombre a la Luna, y también tiene planes de enviar sondas a Júpiter y sus lunas.

China también planea tener una estación espacial permanente totalmente operativa para el año 2022, casi al mismo tiempo que se espera que la financiación de la Estación Espacial Internacional finalice.

Si bien Beijing tiene cuidado al subrayar sus "motivos pacíficos" para explorar el espacio, Estados Unidos ve a China, junto con Rusia, como una amenaza potencial, lo que llevó al presidente Donald Trump a pedir el establecimiento de un "ejército espacial" para 2020.

En un discurso en el Pentágono en diciembre, el vicepresidente Mike Pence acusó a China y Rusia de desarrollar tecnologías y armas para atacar satélites estadounidenses y "trabajar para traer nuevas armas de guerra al espacio mismo".